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Edison, el súper-aguafiestas!!

Cada persona tiene, en cada etapa de su vida, un sueño loco, irrealizable, inalcanzable, pero que existe para entretener la mente y darle color a la vida.

A los 25 será algo como una habitación llena de Conejitas Playboy dispuestas a complacerte en todo... (las mujeres tendrán otra versión, pero total el que cuenta esta historia soy yo... :-)), esta es la historia de uno de esos sueños que se hace realidad y cómo se esfuma tan rápidamente como llega...

Era a principios de los 90’s (¡el siglo pasado!), en las vacaciones me iba a La Serena a pasar un rato en los intervalos de descanso de la U.

Para poner un poco de color a las vacaciones nos juntábamos Edison y yo algunas veces por semana para salir a pasear por la ciudad, ver si había actividad y posibilidades de pinchar por aquí o por allá. Era mala época pa' la cosecha, el verano realmente no había comenzado, las ciudades estaban medias desiertas y pues Coquimbo con un poco de frío, nubes y pocas víctim... ejem, digo mujeres, y Serena, ni decir, peor!

Edison por suerte tenía uno de los elementos esenciales para aumentar las posibilidades de éxito en esas actividades de esparcimiento: EL AUTO! Aunque una que otra vez tuvimos la insuperable suerte que su tío le prestara el Renault Fuego (!), carro muy mata mata en esa época... nuestro auto normal de parranda era el fiel y muy recatado Mazda 323 de la Tía Teru de Edison. Muy buena onda, en todo caso, prestarnos el carrito, pero nosotros éramos unos buenos chicos al final, ¿no?

Nuestro esquema normalmente era pasear un poco por Coquimbo centro, ver como estaban las cosas, estacionarnos cerca de la plaza e ir a prospectar a pie por los alrededores y la plaza misma. Si no pasaba mucho ahí, matábamos el tiempo y al atardecer nos dábamos una vueltecita por el Gins (la discoteca) a ver como estaba la cosa, pero eso normalmente sólo los viernes y los fines.

El día en cuestión la cosa estaba más que mala en la ciudad, un miércoles o jueves, nada en el centro de Coquimbo, pero nada de nada! Chuta qué pasó... decíamos. "Bueno, vamos a darnos una vuelta a ver si pasa algo en la Gins", dijo Edison, "si no nos vamos pa la casa". "¡Un jueves!..." digo yo, "no pasa nada en la Gins, pero bueno, no tenemos nada que perder".

Llegamos a la Disco Gins, como era de esperar sólo un par de autos parados frente a la disco, seguro del dueño y el otro del viejo verde alcohólico cliente fijo de la disco... Total, me bajo para preguntarle al portero qué onda y si piensa que más tarde va a llegar gente. Al ir avanzando hacia la entrada veo de reojo un autobús tipo Interregional estacionado a lo lejos a la izquierda de la disco, no le presto mucha atención.

Me acerco al portero y le digo por puro trámite:
Mogens: "¿Qué tal la cosa hoy?
Me responde, “Está buena la cosa, hay como 40 chicas adentro bailando solas”
Mogens: "¡¡QUÉ!! Saaaaale pa’llá!", digo yo
Portero: “¿No me crees?” responde, “asómate y ve por ti mismo”.

Salió bromista el pelagato... la música está puesta, paso los dos pares de puertas tipo salón vaquero de la disco y en la última asomo la cabeza para echar ojo a la ya neblinosa pista de la Gins... ¡OH SORPRESA, efectivamente! Hay dos hileras largas de chicas en la pista de baile, muy potables, bailando entre ellas... medio mareado y entusiasmado salgo soplado de la disco a avisarle al negro. Edison, incrédulo, con su típica sonrisa de negro canibal, inmediatamente estaciona el auto y se baja a corroborar (no vaya a ser que le estoy tomando el pelo). Pagamos nuestra entrada y al ataque, aunque un poco titubeantes pasamos a la disco... díganme, ¡¿quién está preparado para una situación como esa?! Al Negro se le pusieron saltones los ojos (más de lo habitual en nuestras cacerías).

Como la oferta era tan amplia y la competencia inexistente (había sólo un buitre... digo... hombre más, según recuerdo), revisamos bien y entablamos contacto con algunas de las mejorcitas, que resultaron ser bastante apetecibles! Averiguamos que era un paseo de curso de fin de año de dos cursos de 4tos Medios de un Colegio de Monjas de Valdivia... y claro el autobús que vi a lo lejos era cómo habían llegado a la disco.

La conversación prosperó, unos traguitos para animarnos, un poco de baile para entrar todos en calor, otros traguitos para conversar, el negro estaba un poco más cortado que lo habitual, pero todo iba de perfecto! Como no me creían la edad, algo habitual en esa época (me echaban unos 18, tenía unos 24) saqué mi carnet de conductor para que vieran que no era un mentiroso. Y pues las cosas avanzaban bien, muy muy bien, estábamos con las chicas más bonitas, en súper buena onda, la noche se perfilaba de maravilla! [Debí haberme dado cuenta que todo iba demasiado bien...]

Fue ahí cuando La Ley de Murphy nos asestó un certero espolonazo (para recordarnos que nunca debemos olvidarnos de su constante presencia). Edison empezó a palidecer, sudor apareció en su frente, algo le había caído muy mal, los retorcijones y las necesidades más básicas (el #2 como lo llama Edison siúticamente) empezaron a forzarle a realizar una visita al WC... “Me siento mal...” decía, “Anda al baño”, le recomendé, pero Edison no quería usar los baños “muy higénicos” de la disco... ¡Ah! terrible y desgarrante dilema, mujeres bellas y dispuestas por un lado, y el terrenal, pero latoso ataque de la diarrea al pobre amigo Edison...

Por supuesto la chica con la que conversaba, al escuchar que nos queríamos ir (no sabían de los sufrimientos de Edison, no los detalles por lo menos :-)), ahora no quería devolverme el carnet.

Bombón: “Quédense, no sean mala onda... (con ojitos coquetos)”
Mogens: “Necesito llevarme a mi amigo, está muy enfermo”
Edison: “Ya vámonos!!” con cara de sufrimiento y tensión...
Mogens: “No seas mala, pásame mi carnet por favor”.
Bombón: “No te lo devuelvo para que vuelvas" (mirada malévola y coqueta)”
Edison: “Apúrate... ¡ya no aguanto!”, en agonía...

Total, le tuve que quitar el carnet casi a la fuerza, nos despedimos y muy a regañadientes nos salimos al auto. Al ver los ojos incrédulos que ponía el portero al ver que nos íbamos sólos (seguro creyó que se nos quemaba el arroz), me disculpaba con él: “Mi amigo está muy mal de la guata”... En palabras del mismo Edison: "Salí corriendo con los cachetes bien apretaditos"...

Y así fue la cosa, Edison súper enfermo, quien sabe qué le cayó mal (alguna cosa que comimos para matar el tiempo)... lo cierto fue que una noche que prometía tanto y se nos fue de las manos como arena entre los dedos... pero en algunas se gana, en otras no. ¡Total! Por lo menos quedó para una buena anécdota, no creen? :-)

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